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editorial | 19:15

La propia experiencia como fuente inspiración

La presidenta del Banco Central aseguró que no habrá una devaluación del tipo de cambio oficial. Aseguró en un reportaje que “No hay condiciones estructurales para ello”. Y es probable que sea cierto. Afirmó, además, que Argentina tiene dólares suficientes para garantizar el funcionamiento de su economía. Y es cierto

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La presidenta del Banco Central aseguró que no habrá una devaluación del tipo de cambio oficial. Aseguró en un reportaje que “No hay condiciones estructurales para ello”. Y es probable que sea cierto. Afirmó, además, que Argentina tiene dólares suficientes para garantizar el funcionamiento de su economía. Y es cierto. No se desconfía de las capacidades de la economía, si no de las decisiones del gobierno, que no se sostiene en la posición de no cubrir el desplazamiento del ahorro hacia la moneda extranjera, y que no se preocupa por entorpecer de un modo decisivo la compra-venta de inmuebles usados.
Parece increíble que se pretenda cuestionar la razón por la cual los argentinos razonan en dólares. Hay una historia que avala este procedimiento. Es tal la cantidad de ejemplos que sostienen y fundamentan esta forma de concebir la economía, que parece obvio mencionarlos. Hay hasta frases de una contundencia inapelable: “el que apuesta la dólar pierde”, y resultó todo lo contrario. “El que depositó dólares, recibirá dólares”, y en algún caso no recibieron nada. Y se podrían seguir citando ejemplos similares.
Es absolutamente legítimo que cada cual defienda sus intereses, buscando refugio en aquellos recursos que le permitan protegerse de la inflación. Del “rodrigazo” y “la tablita de Martínez de Hoz” en adelante, se derrumbaron todas las falacias. Y se debe tolerar una pléyade de soberbios cuestionando cualquier resguardo en color verde. Para acentuar la desconfianza y el desconcierto, la palabra oficial es insostenible. Sobre todo si se tiene en cuenta que el organismo público encargado de medir el comportamiento del índice de precios al consumidor, goza de un desprestigio generalizado. Absolutamente nadie concibe sus publicaciones como herramientas idóneas para ninguna decisión. Y este desprestigio es obra pura y exclusiva del gobierno kirchnerista. Obra de incalificables que combaten la fiebre destrozando el termómetro. Es justo señalar que, las mediciones que realiza el gobierno de San Luis, a través de las áreas especializadas en el tema, son utilizadas en toda la Argentina por muchas organizaciones académicas y profesionales, que gozan de muchísimo prestigio y seriedad.
Una cosa es tratar, con seriedad, un tema que preocupa a un sector importante de los argentinos, y que influye sobre su economía. Las limitaciones ya no encuentran límites, a las ya restringidas posibilidades de adquirir dólares para viajar, se agregue la necesaria devolución si el viaje no llegara a concretarse. Hasta la Dirección Nacional de Migraciones será parte de los confusos controles. Para casos de viajeros que incumplan se aplicará una sanción que implique la imposibilidad de comprar dólares por un lapso establecido de tiempo. Es sólo cuestión de tiempo, y los consumos con tarjetas de crédito en el exterior caerán entre las restricciones a los que el gobierno somete a los argentinos.
Es necesario recordar que la ley penal cambiaria sanciona toda falsa declaración relacionada con operaciones de cambio. Se establecen multas de hasta diez veces el monto de la operación en infracción. Mayores multas o prisión en caso de reincidencia. Nada justifica que los ciudadanos falten a la verdad en sus declaraciones. Sin embargo, y como siempre, el problema es la realidad de una política económica incomprensible. Los dirigentes, los políticos, los funcionarios, los informantes, deberían tener otro respeto por ciudadanos defraudados, con tanta frecuencia, en su buena fe. Debieran realizar un ejercicio más sensato de memoria y prudencia. Deberían evitar calificar, con tanta ligereza, conductas absolutamente justificadas por la historia y llenas de racionalidad. Basadas en un elemento tan válido como la propia experiencia.