Humberto Barbato, un cirujano arriba del Ring | San Luis y su gente | El Diario de la República
San Luis y su gente | 20-06-2017 | 20:54 | 0

Humberto Barbato, un cirujano arriba del Ring

Sanluiseño por adopción, el ex púgil jugaba al básquet en el Belgrano. A los 16 años eligió el boxeo. Se entrenó con Reynaldo “El Chiñe” Molina y Juan Sivona. Peleó con los mejores de la época, incluido Nicolino Locche, con quien perdió y empató. Hizo 66 combates y se retiró. Hoy vive en Bariloche con su esposa, sus hijos y sus nietos.

Por Johnny Díaz
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  • 1/2 En Bahía Blanca. Después de ganarle por puntos a Omar Gotifredi en un peleón. | Foto: -El Diario
  • 2/2 En Bariloche. Retirado de toda actividad Humberto Barbato le sonríe a la vida.

“Yo perdí y empaté con Nicolino Loche” dice hoy a los 84 años Humberto Barbato desde la lejana y fría Bariloche donde está radicado desde hace años, tras jubilarse como profesor de Educación Física y Dibujante Técnico en la base naval de Puerto Belgrano en Bahía Blanca, después de su paso por San Luis donde vivió por varios años e inició su carrera pugilística.

Humberto Barbato nació el 8 de agosto de 1934 en Guaymallén, Mendoza. Un par de años después, sus padres se radicaron en San Luis. Su padre, Germán Barbato, era maestro confitero venía de trabajar en la panadería y confitería La Balear ubicada en la calle San Juan al 1300 en la capital mendocina. Llegó a San Luis en busca de una mejor calidad de vida para él y su esposa que había quedado en Mendoza junto a sus hijos Rodolfo y Humberto, así, aceptó trabajar en la panadería y confitería La Perla de la calle San Martín frente al ex Correo Argentino (hoy salón de Cultura de la provincia). Unos diez meses después volvería a su tierra natal para traer definitivamente a su familia.

Don Humberto, que tiene los achaques propios de su edad, muestra tener muchos deseos de expresarse y contar su vida, dice que se dedicó al boxeo después de cumplir los 18 años. “Yo era jugador de basquetbol del club Belgrano, medía 1,75 metro y me desempeñaba como base”, dijo.

“Un día –rememora- estaba tirando al aro en una práctica habitual y vi dos chicos que hacían guantes. Lo hacían solos y sin ningún tipo de técnica, era más bien un guanteo, me acerqué y les comencé a explicar algunos conceptos del boxeo que tenía, fundamentalmente la defensa que consistía en lo siguiente; poner la mano y la pierna izquierda adelante, bien apoyada y la derecha solamente la punta del pie. Servía para un mejor 'visteo' o guanteo y no te pegaban, así evitaban el golpe de voleo o si éste llegaba, estaba amortizado por la posición, mientras que uno bailotea ante el rival, es el clásico juego de piernas sin apoyar los talones”.

En Guay-Curú. Después de ganarle a Elio Ripoll, en los camarines junto a sus amigos, Ricardo "El Potro" Jofré y Miguel Ángel "Comeclavos" Herrera y su público.

Debuté como boxeador en el club Belgrano de San Luis, -que era como mi casa- no me acuerdo contra quién, era un pluma de 57 kilos muy delgado que me esquivó toda la noche. No era un pegador o fajador como se dice ahora, pero pegaba fuerte, era más bien estilista, ese fue mi estilo de toda la vida, así gané y perdí muchas peleas, pero tengo más en la columna del haber, dice y se ríe con jovialidad.

Recuerdo que en un entrenamiento le pregunté al médico del club; '¿Doctor dónde está el hígado?'…. El sorprendido me miró y me indicó, a lo que yo le respondí, ‘pregunto porque estoy aplicando esos conocimientos a mi boxeo, quiero pegar con claridad y que mis golpes hagan daño’. A mí me gustaba entrenar solo, casi en privado, en la famosa esquina siempre estaban Reinaldo “El Chiñe” Molina, y el profesor Juan Sibona, un hombre que trabajaba día y noche por el boxeo sanluiseño”. En el gimnasio del Belgrano al que Humberto Barbato hace referencia era epicentro del boxeo sanluiseño, en sus instalaciones practicaban Miguel Ángel “Comeclavos” Herrera, Eufemio “El Chileno” Martínez cuando podía, dado su condición de poco apego a los entrenamientos y que murió en la peor de las miserias, sentado y congelado en una calle sanluiseña. Hugo Vega, Pedro “El Gallo” Lucero, Elio Gacitúa y varios más. “Hasta José María Gatica, venía a guantear cuando andaba por San Luis y se alojaba en la casa de 'El Chiñe' Molina en la calle Junín” dice un seguidor del boxeo puntano.

El 19 de noviembre de 1952, Humberto Barbato cruzó guantes con el rosarino Héctor Villalba en el Sporting Club Guay-Curú, uno de los pocos clubes donde se practicaba boxeo.

La revista Olimpia, dijo en su crónica. “Humberto Barbato dominó a voluntad pero no definía. Acuciado por su público el pugilista puntano salió en la cuarta vuelta a exigir a fondo a Villalba, cuya defensa resultó notoriamente incapaz de detener o absorber el intenso castigo; y en el quinto round un potente golpe al hígado, hizo que el rosarino, cayera por toda la cuenta y casi fuera del ring.

Los Barbato en Bariloche. Humberto junto a su esposa Cristina su compañera de toda la vida, sus hijos y nietos.

Su hermano Rodolfo dice que sus padres vinieron a vivir a San Luis, a una propiedad de la calle Ayacucho frente a la casa de los Salomón famosos hermanos que jugaban al fútbol en el Sporting Club Victoria con una extensa trayectoria deportiva en el medio y la zona.

“Mi hermano jugaba al básquet en el club Belgrano, pero ellos lo convencieron a que se dedicara al boxeo, era muy habilidoso pero el boxeo pudo más, nos hicimos muy amigos no había muchos vecinos por la zona y las largas e interminables charlas se prolongaban en el tiempo”.

Humberto Barbato hizo más de 40 peleas amateurs en categoría Pluma y después pasó a Liviano, su pequeña “fama” de buenito, lo llevó a que le trajeran rivales más difíciles pero, él, fiel a su estilo, se mantuvo incólume como dueño absoluto de los ring del Belgrano, Guay Curú y de Defensores del Oeste de San Luis, clubes donde se practicaba el noble deporte de los puños.

Todavía se recuerdan las peleas con Oscar Suárez y Luis Giménez, dos muy buenos boxeadores que pelearon con el ascendente púgil mendocino-puntano.

Los Barbato en San Luis. Su hermano Rodolfo, Rosalía, su cuñada Nancy y Catalina. Ausentes; Natalia y Germán.
 

“Una vez en 1959, se hizo una velada profesional en Defensores del Oeste, mi hermano tuvo una noche sensacional ganando por amplio margen, era tanta la gente que se subió para saludarlo que el ring se vino abajo. Cedieron los tensores que cruzan el cuadrilátero y una parte se cayó con muchísimo público, menos mal que no pasó de un susto pero podría haber sido una tragedia”. Nos salvamos por poco, dijo Rodolfo, hermano de Humberto.

Después de una buena campaña y de haber peleado con Duarte y el sanjuanino Elio Ripoll, el 6 de junio de 1963, peleó con Nicolino “El Intocable” Locche en Mendoza: “Fue muy linda pelea en la Federación Mendocina de Box, perdí por puntos, hice todo lo que me ordenó el rincón pero Locche tenía mucha experiencia, fue un lindo desafío”. Dice con orgullo Humberto Barbato.

Su hermano aseveró que hubo dos mudanzas más, esta vez a la calle San Martín y después a la Colón entre Belgrano y Pringles donde inauguraron la confitería Crillón haciendo tortas, postres y masas finas.

Humberto Barbato era un hombre callado, concentrado en sí mismo y ahorrativo, eso lo llevó a asociarse con Tatalo Vallejo y en 1962, abrieron las puertas de la confitería Daydam en 25 de Mayo antes de Rivadavia, también una heladería y venta de postres en calle Pringles frente a la plaza del mismo nombre, la suerte les fue esquiva, Tatalo murió electrocutado y fue como un derrumbe empresarial”.

Humberto siguió con su ascendente carrera pugilística recorriendo los ring del país. Córdoba, Santa Fe, Salta, Jujuy Mendoza y San Juan, por nombrar a algunos, lo vieron brillar y mostrar su exquisito boxeo.

"Era un hombre muy responsable y siempre estaba bien entrenado. Su hermano Rodolfo dice que en una oportunidad tenía que pelear en Salta y por las condiciones climáticas, no llegaba a tiempo, le facilitaron un Pipper para poder llegar con tiempo. ‘Nunca más subo a un avión de estos, estoy destrozado, se movía como un papel en el aire’, dijo mi hermano cuando bajo, él era así. No podía fallar”.

El tiempo y los años van minando a las personas, la memoria no es suficientemente clara, los periódicos de la época muchas veces no reflejaban toda la actividad boxística. Lo cierto es que Barbato que además era dibujante técnico de profesión, había dado el gran salto de combatir afuera de su querido San Luis. En otra oportunidad, fue contratado a pelear en la base de Puerto Belgrano en Bahía Blanca, tenía que combatir en uno de los clubes más tradicionales de Punta Alta. Hizo una excelente pelea y le surgió la posibilidad de sumarse a las Fuerzas Armadas como empleado civil.

Humberto dice que por unos días entrenó en las instalaciones militares junto a un grupo de marineros y sargentos que gustosamente aceptaron sus indicaciones. Indudablemente Humberto era una estrella del boxeo que había llegado a ese lugar y todos querían estar a su lado.

Después de la velada el púgil volvió a San Luis y a buscar a su señora, Cristina Nieto –se habían casado en 1958- y a sus hijos para vivir en Bahía Blanca.

“Fuimos tres los que nos presentamos a rendir en Puerto Belgrano, tuve la suerte de quedar luego de rendir satisfactoriamente los exámenes. Allí aprovecharon para que diera unas charlas de boxeo y también clases de defensa personal, así logre un permiso especial para dedicarme de lleno a mis entrenamientos y el reconocimiento de mis superiores.

En Bahía Blanca, ganó el torneo “Guantes de Oro” en la categoría Pluma, Barbato recuerda que “El periodismo destacó mi trabajo arriba del ring y me invitaron al diario Nueva Provincia para una entrevista donde hubo cientos de halagos, siempre leo esa nota, la guardé como un buen recuerdo”. Dice hoy en su lejano Bariloche.

No tardaron mucho los promotores de Bahía Blanca en programar una pelea con Nicolino Locche, en el salón de los Deportes, de Soler 444, propiedad de Julio Gómez y de los hermanos Ernesto y Luis Simonelli, todos ya fallecidos. Los esperaba una verdadera multitud, el fallo de la pelea fue empate y Barbato que hacía de local, se llevó la mayoría de los aplausos de la noche.

Un dato anecdótico dice que en la liquidación final de Luis Simonelli, uno de los promotores del festival llevado a cabo en el Salón de los Deportes el viernes 19 de octubre de 1964, es poco menos que un documento deportivo histórico.

Se refleja en ella que pagaron entrada 2.914 espectadores, por lo que concurrieron al escenario alrededor de 3 mil personas. Lo curioso del informe es que una figura del nivel de Nicolino Locche recibió una paga de (132.206 pesos) inferior a la de Humberto Barbato (185.765 pesos). "Pueden ocurrir una de estas dos cosas: o bien Luis se equivocó en los números -algo que no era infrecuente- o Locche vino a porcentaje fijo y Barbato fue a suma fija más un porcentaje", nos explicó Juan Carlos Contreras, quien fue amigo y socio del menor de los Simonelli.

Una vez que mi hermano dejó el boxeo, se quedó en la base militar como instructor de los marinos, se había recibido de profesor de educación física y también entrenaba a los jugadores del Sporting Club Olimpo, Villa Mitre y Rosario de Puerto Belgrano, estaba muy ligado al deporte, recuerda su hermano Rodolfo, nunca se quedó con lo que sabía, siempre quería más”.

Hoy Humberto Barbato, el señorito del ring, vive en el lugar que eligió para soñar junto a su esposa Cristina, sus hijos Catalina y Rodolfo Ariel y sus nietos Franco y Luciano.

Retirado de toda actividad, en rueda de amigos cuenta sus anécdotas y peleas. Vivió 64 años en Bahía Blanca pero recuerda con mucho afecto tierras sanluiseñas donde está parte de su familia y sus grandes amigos, a quienes visita todos los años.

En Bariloche. Retirado de toda actividad Humberto Barbato le sonríe a la vida.

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